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16 junio 2008

Diario de un sportinguista en el 'exilio': Sporting-Eibar

Este es ya mi post favorito, las líneas soñadas. El 15 de junio de 2008 es una fecha histórica para el Real Sporting de Gijón. Se festejaron dos ascensos, por la mañana el del filial a 2ªB y por la tarde el ansiado a Primera una década después, pero sobre todo se consolidó definitivamente el sportinguismo. Todo comenzó perfecto, nada más llegar al estadio, pasó por delante de nosotros el autobús del equipo, con un Preciado radiante al frente. Nos sentamos en nuestros asientos hora y media antes del inicio del encuentro, yo con mi camiseta, mi bufanda y una bandera de Asturias. En ese momento, estaba convencido de que ganaríamos fácil y así fue, posiblemente se trató del partido que viví más tranquilo de toda la temporada. El estadio era todo colorido, había hasta peluches disfrazados. Y seguro que no faltaron ni los amuletos de cada uno por si hacía falta la suerte.

Fui con la intención de animar sin parar, de vivir una fiesta, y fue mi día más feliz como sportinguista, superando alegrías pasadas (victorias en la Uefa o en los derbis e incluso aquella promoción ante el Lleida). Hace 10 años, el equipo estaba roto deportivamente pero sobre todo económicamente, y la afición estaba totalmente destrozada. Ahora, el equipo está saneado (algo que parecía impensable) y en esa reconstrucción lo más importante es que el sportinguismo ha crecido en cantidad y calidad. Está a muerte con el equipo. Ayer comprobé que una cosa es leerlo o verlo por fotografías y TV, pero otra bien distinta es vivirlo en primera persona.El partido fue lo de menos, aunque hay que resaltar que el Sporting fue muy superior a un Eibar mediocre. Bilic, que tuvo varias ocasiones -en especial una falta lanzada al larguero-, abrió el marcador con un buen remate de cabeza, y Luis Morán (Luanco volvió a ser protagonista) cerró la cuenta cruzando bien el balón. Los jugadores jugaron de forma práctica, manejando con acierto todas las facetas del juego. Y disfrutaron como enanos, haciendo ya una piña al celebrar los once el segundo tanto. Además, Bilic y Kike Mateo se llevaron las ovaciones de la tarde cuando fueron sustituidos. Hay que aplaudir la gran temporada de la plantilla, la cual -con la llegada de Preciado- avisé que daría alegrías a medio plazo, pero afortunadamente ese feliz desenlace se adelantó a mis previsiones. Fui negativo durante una parte de la campaña por miedo a volver a sufrir un palo. Y eso que más de una persona me aseguraba que se subiría seguro e incluso se atrevieron a vaticinar la jornada exacta. Me alegro de que acertaran con su optimismo aunque haya sido más tarde de sus predicciones. No obstante, yo no me quiero quedar sólo en los que se visten de corto. Hay muchos otros 'culpables'. El presidente, Manuel Vega Arango, ha traído la tranquilidad a la entidad gracias a una gestión económica tan austera como sensata. Emilio de Dios ha hecho una planificación por encima de los medios con los que contaba: sin apenas gastar un euro ha conseguido refuerzos interesantes y de futuro (Kike Mateo, Diego Castro, Barral, Gerard, Bilic, Iván Hernández, Matabuena...); él no saldrá en los medios pero los aficionados también debemos aplaudirle. Por encima de todos yo situaría a Manolo Preciado, el artífice de que el sportinguismo recobrara la fe. Nada más llegar a Gijón, se propuso el regreso de la ilusión, volver a llenar El Molinón y resultados. Todo lo logró en apenas dos temporadas y la vida le debe muchas alegrías. A todos ellos y a muchos más empleados que trabajan en la sombra les pertenece su parte de mérito en este ascenso. ¡Gracias!
No me olvido, por supuesto, de Quini, al que se le dedicó el ascenso. El Brujo se emocionó en el palco con cada grito de 'Ahora, ahora, ahora Quini, ahora'. Deseo que esto le de fuerzas para superar esa dura enfermedad. Y un último recuerdo para Villa, que siguió el partido desde Austria y celebró el ascenso como un sportinguista más, y para Juanele (que no ha tenido un buen año en lo personal).
Sólo me queda por relatar que tras vibrar, saltar y cantar durante los 90 minutos, llegó la fiesta posterior. Nada más señalar el final del encuentro, los jugadores lo festejaron sobre el césped. La afición respetó la celebración, no invadiendo el terreno de juego. Y tras un paso por el vestuario, cada integrante de la plantilla y Preciado fueron saliendo al círculo central uno a uno según se iba anunciado su nombre por la megafonía. Sonó el himno del club y el del Principado, los héroes dieron la vuelta de honor con una lluvia de confetis rojiblancos y también se lanzaron en plancha al césped como es habitual en el mundo del fútbol. Asimismo, Barral se atrevió con el capote. Tras todo eso, la afición dejó de contener los 10 años de espera y decidió que ya era hora de pisar el terreno de juego, con los que los protagonistas se retiraron a los vestuarios para después recorrer la ciudad en un autobús descapotable hasta el Ayuntamiento, donde salieron al balcón. Hoy seguirá la fiesta, con un recorrido más completo por todos los barrios de la ciudad. Un servidor se acostó anoche eufórico pero reventado tras 9 horas de viaje (ida y vuelta) más 3 horas de fiesta en 24 horas. Mereció la pena.

Quería darle las gracias a todas las personas que posibilitaron que yo viviera ayer 'in situ' el partido, también me gustaría felicitar al Málaga porque se merecía subir y expresar mi pena por los clubes que descienden. Me despido con unos videos (los temblores son la consecuencia de saltar y cantar a la vez que se graba) y el cántico que se ha convertido en todo un emblema del sportinguismo:
Fotos: La Nueva España, El Comercio y La Cola de Vaca