No me he vuelto loco. Sí, sí, Cristiano Lucarelli es aquel delantero que fracasó en el Valencia y que, salvo alguna temporada buena en Italia en clubes modestos, apenas ha aportado mucho sobre un césped. No obstante, fuera de los terrenos de juego dio hace ya tiempo un grandísimo ejemplo, que a día de hoy se convierte en utópico con las cifras de las que se habla en la última semana. (Personalmente, me parece aberrante que un futbolista llegue a cobrar 9 millones de euros libres de impuestos al año, que un traspaso -el de Kaká- se cierre en 65 millones de euros y haya comisiones hasta para el padre por ser eso, el padre de la figura, y ya no digo nada sobre lo que hemos conocido esta mañana: la confirmación de que Florentino Pérez, por si fuera poco haber sido el autor de los 4 fichajes más caros de la historia del fútbol, ha desembolsado 94 millones de euros por Cristiano Ronaldo).

Pues bien, en estos tiempos en los que el dinero lo compra todo, he querido recordar el ejemplo de Cristiano Lucarelli en 2003. Su representante, el abogado Carlo Pallavicino, le puso sobre la mesa ofertas de hasta un millón de euros anuales, siendo la del Torino la más atractiva. Pero el delantero se empeñó en vestir los colores que más sentía, los del Livorno (entonces en la Segunda división italiana), aunque tuviese que cobrar muchísimo menos. Una vez transcurrido el momento de shock, Pallavicino, que luego relató la historia en el libro "Quedaos con los mil millones" (en liras, la oferta suculenta que rechazó), logró que el equipo de la ciudad de Lucarelli hiciera el esfuerzo de pagar una ficha en torno a los 300.0000 euros. El ex del Valencia dejó de ingresar mucho dinero (unas tres veces menos), pero ganó mucho aquella temporada: fue el héroe, con 25 goles anotados, del regreso de 'su' Livorno a la Serie A después de 55 años. Aquella felicidad no se podría haber comprado con dinero.

Llevo algunos días preguntándome si algún otro futbolista sería capaz de renunciar a las cantidades que se manejan y siempre me respondo a mí mismo que no. Reconozco que es muy difícil no dejarse seducir por los billetes. Por ejemplo, el sueño de cualquier sportinguista sería que estos días David Villa dijese que renuncia a cualquier sueldo galáctico por cumplir el sueño de jugar en Primera con la camiseta del Sporting para ayudarle con sus goles a jugar alguna competición europea o algo similar. Eso no ocurrirá, los sportinguistas se conformarían y hasta darían las gracias si decide volver en su último año de carrera aunque sea medio cojo. ¡Qué pena! Tal vez Julen Guerrero o Tamudo son dos de los casos más similares a fidelidad por una camiseta renunciando al dinero, con algunos matices y salvando las distancias con respecto al ejemplo del ariete italiano. Yo, sin ser de Livorno, admiro a Cristiano.. Lucarelli, así que en Livorno, supongo que este otro Cristiano sea considerado un héroe.