Hace unos cuantos meses vi una película titulada en España "El Sueño de Jimmy Grimble" (original: "There's only one Jimmy Grimble"). No pasará a la historia del cine pero tal vez interese a aficionados al fútbol, especialmente al británico (aparece 'Maine Road', el Estadio de la calle Maine para los traductores). El protagonista es un chaval que pretende jugar en el equipo de su escuela, donde el resto de compañeros se meten con él por varias razones, una de las cuales es ser hincha del Manchester City en lugar del United, los colores de la mayoría de los chicos de la ciudad.
No os desvelaré más del argumento pero sí aprovecharé esta historia para abordar el crecimiento del equipo 'débil' de Manchester, cuyos seguidores más ilustres son los hermanos Gallagher (líderes de la banda 'Oasis'). El City inició la campaña pasada su despegue con el fichaje de Robinho y ha acelerado su progresión este pasado verano a base de talonario. Mark Hugues dirige desde el banquillo una valiosa plantilla que aspira a desbancar del Top 4 a Arsenal, Liverpool, Chelsea o el propio ManU. Ese puede ser el objetivo a corto plazo sin renunciar a adelantar el fin de conquistar la Premier, algo que actualmente se antoja difícil.
Sin embargo, con actuaciones como la del pasado fin de semana en el derbi, no parece tan lejano ese momento. El partido fue vibrante, jugado de poder a poder y al City sólo le sobró un despiste defensivo en el último suspiro del largo descuento para sacar un empate del 'Teatro de los Sueños', el campo del poderoso eterno rival. Uno de los refuerzos de lujo de los Citizens, Gareth Barry, decía que habían merecido más que el empate. Ese ha sido el primer paso; el siguiente será rubricar los méritos en el casillero de puntos. Hay que tener ya en cuenta al nuevo Manchester City, que irá ganando adeptos entre los nuevos jóvenes aficionados: los 'Jimmy Grimble' ya no serán tan minoría en las escuelas.
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