Aquí está la segunda entrega de mi experiencia en el Arsenal-Everton. Nos habíamos quedado en mi llegada, algo más de 2 horas antes del partido, al Emirates Stadium. En apenas 10 minutos llegué caminando desde Highbury. Y en ese lateral, que no era el principal, se encuentra una de las dos boutiques oficiales, sobre la cual está un bloque de viviendas que se encuentran apenas a unos metros del estadio, formando parte de algún modo del complejo deportivo. De todos los artículo que había en la tienda, me compré una bufanda que me acompañó durante el encuentro.
Según atravesé una especie de puente, tras pasar bajo las viviendas, pensé dos cosas:
1) ¿cuánto costaría un piso de esos que rodeaban el estadio?2) seguro que el apasionado gunner Nick Hornby se ha comprado uno.
Entonces divisé el campo, con un escudo enorme en la fachada y un aspecto moderno que impacta, acostumbrado a la mayoría de estadios del mundo, especialmente los británicos. En el adelanto de esta vivencia, ya subí la foto que me hice enfrente, y ahora la cuelgo sin mi presencia impidiendo verlo al completo.
Tenía que encontrar la taquilla principal para recoger las entradas (allí tickets): unas entradas que no resultaron nada fáciles y que tienen su propia historia, pero eso me lo guardo para mí que no es cuestión de aburriros. Aquella taquilla estaba en el lado opuesto, por lo que tuve que rodear toda la instalación y comprobé que dos horas antes del inicio ya había bastantes aficionados. En esa otra fachada principal, dos cañones (gunners = cañoneros, por si alguien no lo sabía) presidían la antesala de la boutique principal, la cual se mantenía llenísima la hora y media previa al choque. ¿Cómo pueden salir los ingleses con 2-3 bolsas de media con esos precios?
En la larga espera hasta poder retirar los tickets y entrar al Emirates, seguí las tradiciones. Primero, como relata Hornby en 'Fiebre en las gradas' (¡qué bien haber releído la novela para reconocer calles y hábitos!), compré el programa de mano oficial (un especial por ser el último de la temporada). Y después, además de pasarme por la boutique principal, que era algo más grande que la otra, compré un Hot dog+chips. A esas horas (12:15h aprox), a mí no me entraba ni el famoso fish&chips ni una hamburguesa. Ellos comen mucho, de todo, y antes, durante y después del partido.
Hacia las 12:45h retiré los tickets y poco después ya ocupaba un precioso asiento en una zona media en cuanto a altura de uno de los córners del estadio. Un sitio privilegiado. Desde allí, vi el calentamiento así como comprobé como se iban llenado las gradas, incluido un rincón numeroso de aficionados visitantes en la esquina opuesta a la mía. Dentro del estadio, ¡cómo no!, me encuentro nada más subir las escaleras con una casa de apuestas con todo tipo de apuestas (valga la redundancia) relacionadas con el partido. Haced cálculos: entrada o abono + comida antes, durante y después + boutique + apuestas.
El ambiente fue de lujo durante los 90 minutos: no se jugaban nada pero los cánticos no cesaban. Además, todos tienen camisetas, hasta los seguidores de la tercera edad, lo que propicia un colorido en los alrededores y en las gradas impresionante. Esto fue la cara. No obstante, cuando preparé el viaje, pensé que el choque era el idoneo: Cesc Vs Arteta, y tal vez el Arsenal se proclamaría campeón. Meses después, el campeonato se había quedado en imposible y los dos españoles no jugaron. El primero me avisó de esa posibilidad al acabar el choque anterior, pero me quedaba la duda. Al final, casi ninguno de los titulares: en la foto del banquillo se ve a Hleb, Fabregas, Flamini o Almunia, entre los no convocados. Fue el lado negativo de la experiencia. El partido no pasó la historia por su juego y no pude ver en acción al centro del campo que tanto me ha hecho disfrutar en la primera mitad de la temporada. Aún así, me quedo con muchos detalles: la presentación del once titular en el marcador, alguna carrera de Walcott, la despedida de Lehman (ovacionado mientras saludaba en solitario desde el círculo central) y los cánticos. Ah, se me olvidaba, y el aficionado inglés que tenía detrás, que con un 'estilo español' no paraba de quejarse. Su mejor grito: Who fucking is in the middle! (con un acento puramente británico con el que me partí de risa).
Al menos, hubo un bonito gol de Bendtner (justo en la portería donde estaba) y el Arsenal ganó. Asimismo, por ser el último choque en casa de la temporada, la plantilla y el cuerpo técnico dio la vuelta al campo con el estadio aún lleno y acompañado de vítores (a Wenger lo tienen en un altar). ¡Qué mentalidad tan diferente! Sin ganar nada, los aficionados agradecen el juego y el rendimiento de un equipo joven que dará muchas alegrías. Lo ven como proyectos a medio-largo plazo. La experiencia tocaba a su fin, con la satisfacción de haber visto, por fin, un partido de mi Arsenal y con la pena de que tardaré en repetirlo. En las afueras ya del recinto, al llegar a Holloway Road, volví a acordarme de 'Fiebre en las Gradas'.
Sólo me falta contaros el detalle de las camisetas. Allí, como dije, todos las llevan, sin importar la edad ni el sexo. Y, al margen de las normales (oficiales con nombre y número), la originalidad es una costumbre. Cuento algunas. Había una con el 6 del Everton, rodeada con estas palabras: "There's nobody better than Arteta". Otra del Arsenal era 'Gunner' arriba, un 4 y 'Forever' debajo (Gunner forever, vamos). Otra del 4 del Arsenal que ponía 'Simply the Cesc', emulando a la canción "Simply the best". Y así otras cuantas más.... Espero haberos acercado mis sensaciones de 2-3 horas inolvidables. Algunos detalles, por olvido al escribirlo o falta de espacio, se quedan en mi retina y mi memoria.
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