07 enero 2008

Artículo: Las tradiciones están para romperlas, ¿o no?

Desde niño siempre tuve simpatía por los equipos pequeños, de ahí que ahora sea habitual que desee la victoria del conjunto más débil de cada partido siempre que no jueguen ni el Sporting ni el Arsenal. Este hecho que seguramente no os interese mucho fue fundamental allá por la temporada 1986-87 en la historia que os voy a relatar.

Mi abuelo materno, madridista y ‘di stefanista’ de pura cepa, me llevó a El Molinón a un Sporting-Real Madrid, posiblemente con la certeza de que cualquier niño de mi edad (6 años) que soportase un encuentro completo (pocos creo) seguiría su tradición. Es fácil que los críos sean del equipo que gana. Y todo se puso a su favor para ‘convertirme’ a la entidad blanca: el triunfo visitante con un solitario tanto de Milan Jankovic y la superioridad demostrada lo ponía en bandeja.

Sin embargo, el nieto le salió ‘rebelde’ al abuelo, y este que hoy les escribe ese día se hizo sportinguista. En algunos momentos, durante las milésimas de segundo que tardo en recobrar el sentido común, maldigo esa elección. Pero todos sabéis que una vez que sientes unos colores, por mucho que te lo propongas, morirás con la misma camiseta cubriendo tu alma.

Y yo, hasta que eso pase, sé que tendré que seguir sufriendo, razón que provoca esos minúsculos instantes a los que me referí unas líneas atrás. Las alegrías cuestan más pero también las disfrutas más que en las ‘casas’ de los ricos. Algunos dirán que nos contentamos con poco, posiblemente muchos no entiendan que para un sportinguista empatar en Córdoba jugando más de una hora con un hombre menos y tras ir perdiendo 2-0 suponga lo que para un madridista ir líderes en Primera. Y cuesta decirlo con subcampeonatos de Liga y Copa o participaciones europeas aún presentes en tu memoria.

En los clubes poderosos, vencer es sinónimo de normalidad, nunca de alegría; en cambio, perder es un fracaso absoluto. Una temporada en blanco es motivo para ir con la cabeza gacha, aunque hayas presenciado decenas de goles y te sobren dedos para contar las decepciones semanales. Para el resto de los mortales, cada triunfo es un éxtasis y cada tropiezo un motivo para que los siguientes tres puntos se disfruten más.

Hace poco más de una década, cuando comenzó el declive rojiblanco, recuerdo que un día le dije a mi padre: “No bajaremos, ¿verdad papá?”. Y él, supongo que influido por la tranquilidad que da llevar más de quince años instalado en la élite y porque a los hijos siempre se le dan respuestas positivas, me contestó: “Por muy mal que estemos, hijo, nunca bajaremos a Segunda”. Tres o cuatro años después de verlo venir, iniciamos el descenso al infierno de plata donde llevamos sufriendo casi una década.

La recuperación de nuestro status la acariciamos con el gran Marcelino, pero ni con el espíritu de Eibar (se empató con ocho jugadores y todo en contra) se consiguió. Esta temporada, al igual que durante parte de la pasada, se vuelve a tener al alcance. Eso sí, con la confirmación de que el sufrimiento es nuestro primer compañero de viaje (sirva ayer o la jornada anterior como ejemplo)

Moraleja fácil: si no sigues las tradiciones, sufrirás más

6 comentarios:

Chus dijo...

Joer, me he emocionado con el artículo. La verdad que yo en muchas ocasiones también me pregunto por qué soy del Sporting. Me pregunto por qué soy de un equipo que la mayoría de las veces en los últimos 10 años solo nos decepciona. Pero cuando pienso, o se me pasa por la cabeza dejarlo todo y no saber más del Sporting hay una fuerza que me impulsa a ponerme orgulloso mi camiseta e ir a El Molinón cada 15 días.

PD: Yo también tengo esa simpatía por los equipos pequeños, eso va a ser porque somos del Sporting.

hoeman dijo...

Muy bueno pablo, está claro que en realidad uno elige el equipo con el corazón, ya que cuando somos tan pequeños es imposible pensar. Tb de acuerdo que los equipo pequeños disfrutan más de los pequeños placeres, ese es un espejo en el que se deberían fijar los grandes... y bajo mi punto de vista, reflejo de la vida misma (cuanto más tienes menos disfrutas).

Anónimo dijo...

Muy bueno el post porque llega via directa y más que rebelde yo diría que aunque muy pequeño ya eras inteligente en tus elecciones.

No estoy de acuerdo contigo en una cosa las alegrías y las tristezas son las mismas y tienen el mismo color en casa de los ricos que en casa de los pobres lo único que varían los objetivos. Para el Sporting conseguir el ascenso será igual que para el Madrid ganar la Champions y esa alegría ni se mide ni se pesa.

@hoeman
No creo que en la vida cuanto más tengas menos disfrutas pero bueno siempre he dicho que es un buen consuelo para los que no tenemos.

Saludos

Sergio Medina dijo...

Al único equipo del mundo que apreció sin contar al mio lógicamente, es el Sporting que me volvió a joder la quiniela. Un abrazo

Pippo dijo...

Si señor, gran reflexión. Seguramente todo aficionado al fútbol se a planteado alguna vez el porque de su elección, y raro será encontrar una respuesta lógica.
Por otra parte, enorabuena por a ver llegado a lograr tu objetivo profesional. Yo intentaré lo mismo, xd.

Pd:
A ver si os animais a darme consejos. http://pippozone.blogspot.com/

Pablo G. dijo...

@chus
Una de las mejores cosas que puedo leer en un comentario es que alguien se emociona con una parte de este blog. Gracias y saludos

@hoeman
Posiblemente los pequeños se conformen con menos (o no). Saludos

@anonimo
Gracias por lo de vía directa y lo de inteligente jeje.
Y de lo que discrepas, pues me parece bien que tengamos cada uno nuestra opinión.
Saludos

@sergio medina
por razones que no vienen al caso, yo siempre fui muy colchonero. A ver si os lo creeis ya y vais a por metas altas. Saludos

@pippo
Gracias por tus palabras y por pasarte por aquí. Te iré visitando. Saludos