02 octubre 2017

Análisis: los problemas del Sporting ante Osasuna

Paco Herrera optó en Pamplona por usar un dibujo 4-3-2-1, con los cinco centrocampistas formando una 'M': Sergio, escoltado por Moi y Alex López en la línea de tres; Carmona y Rubén por delante, aunque ambos en el carril central, dejando las bandas vacías, solo ocupadas por los laterales.

Con este dibujo empleado durante la primera hora del partido, el equipo sportinguista sufrió en defensa. Moi y Alex se veían obligados a caer a las bandas para intentar ayudar a los laterales pero, además de llegar tarde, dejaban desprotegido a Sergio.


Los efectos defensivos negativos de ese dibujo se observaron en el primer gol de Osasuna, agravado por el movimiento de Quique (dorsal 9), que sacó de la zona a Barba, dejando una autopista para la entrada del equipo navarro por esa banda, desde donde se gestó el 1-0.


Los efectos negativos del dibujo también se observaron en la salida de balón. Moi y Alex López aparecían abiertos, lejos de Sergio, mientras Carmona y Rubén se apelotonaban en el carril central. En las bandas no había ninguna opción de pase.



Los laterales, que tenían que hacer un sobreesfuerzo en tareas defensivas, también tenían que intentar incorporarse en ataque. Cuando lo hacían, no encontraban a ningún compañero en la banda. 




Los problemas del Sporting para sacar el balón se escenificaron especialmente en el minuto 34. Mariño llegó a abrir los brazos ante la dificultad de tener opciones de pase. Tras dudar varias veces, acaba entregando el balón a un jugador de Osasuna, que segundos después encadenó en esa misma jugada dos ocasiones de gol clarísimas, en las que Mariño compensó su error en el pase con dos intervenciones magníficas.    



A la vuelta del descanso y hasta el 2-0, desde cuando Herrera hizo un cambio de dibujo y de nombres, el Sporting al menos ofreció un cuarto de hora notable.  

No siendo la única explicación a los males del Sporting en Pamplona, el dibujo elegido por Paco Herrera fue un lastre defensivo y ofensivo. Le impidió sacar ventaja de una supuesta superioridad numérica en el centro del campo (con cinco jugadores), apenas llegó al área rival y el equipo sportinguista recibió diecisiete disparos en contra. 



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