Poco después de comenzar esta temporada, le dije al padre de Bojan Krkic que pronto disfrutaría del primer gol de su hijo en el Camp Nou (bastantes meses antes ya le señalé mi confianza en que esto sucedería y en que la joven promesa azulgrana algún día levantará la Bota de Oro en el mismo estadio). Desde que vi a Bojan sobre el césped con las categorías inferiores de la Selección hace más de año y medio, no tuve ninguna duda. Sólo la irrupción de Cesc y, en menor medida, las de Silva y Villa me han hecho tener este grado de expectativas sobre un futbolista en la última década. A Messi no lo incluyo porque lo descubrí como casi todos cuando ya estaba en el primer equipo del Barça en aquel Gamper.
Los dos Krkic, padre e hijo, son sensatos, prudentes, amables, sencillos, humildes, al tiempo que conscientes del potencial futbolístico del delantero de la misma manera que del precio de la fama, la cual es caprichosa, efímera y peligrosa. Soy partidario de su entrada progresiva en el fútbol de élite, más jugando en el Barça, pero también creo que debería gozar de más minutos de los que ha tenido hasta ahora.
El tiempo me está dando la razón. Y ahora, con el convencimiento de que el protagonismo en el club culé de la promesa de Linyola debe ir en aumento, me aventuraré en una apuesta más polémica: Bojan debe estar entre los 23 convocados de la Selección Española para la Eurocopa; eso sí, con un papel secundario, aún al estilo de Ronaldo en el Mundial del 94 o incluso Walcott en el de Alemania '06. Y eso depende de Rijkaard porque Luis Aragonés no incluirá al joven azulgrana si el entrenador holandés no va dándole más minutos, lo que supondría 'cargarse' a un peso pesado. En mi modesta opinión, creo que el fútbol español y el Barcelona saldrían ganando.
Lo difícil y vital es que, una vez que la presencia y las demostraciones de Bojan sean mayores, ni los aficionados ni los profesionales del fútbol o el periodismo deben exigirle más de la cuenta. Bojan pondrá de su parte todo en el campo, el resto debemos aportar lo necesario fuera. Goles como los de ayer (la sangre fría y la calidad se unieron durante dos segundos), los disfruto al mismo nivel que me alegran por él y su padre.
Mis experiencias periodísticas han desembocado en que ame el buen fútbol tanto como soy seguidor de los deportistas-buenas-personas que me voy encontrando. Para mí, el tanto más mediocre de Bojan significa más que el más espectacular de un puñado de jugadores subidos a los altares. Hoy, un gran chico llamado Javi Fuego, al que en Gijón un sector de la afición le hizo pasar malos ratos, me ha dado una gran alegría por su primer gol en Primera, que además supuso el importante triunfo del Levante, donde gente como él o Miguel Ángel se merecen lo mejor, al margen de las cualidades futbolísticas de éstos y los otros.