Los elogios deportivos a Nadal no cesan, ni pararán en el futuro, porque cada día juega mejor al tenis (ya no sólo es una cuestión física y mental) y cada año engrosa su palmarés a pasos agigantados. Algunos intuimos una pequeña parte de todo esto hace cinco años, y digo una pequeña parte porque este sencillo chaval deja en casi nada las previsiones más optimistas.
Ayer se llevó el oro olímpico con autoridad, hoy se convierte de forma oficial en número uno destronando al mejor tenista de la historia. El destino es justo con su esfuerzo recompensándole doblemente en 24 horas. Su año está siendo insuperable, a la espera del US Open que arranca dentro de una semana, la Copa Davis, y el Masters, que aún pueden acrecentar más si cabe la leyenda del manacorense.
Y después de todo esto, yo quería destacar la faceta humana de Rafa Nadal. Es sencillo, humilde, cercano.... y así podríamos seguir eternamente. Atiende todas las peticiones de entrevistas posibles (en persona todas) y si ahora no siempre todos podemos contactar con él es únicamente porque no hay tiempo material para que lo haga. Se para a hacerse fotos o firmar autógrafos con una paciencia infinita, nunca deja de ofrecer su sonrisa, no cesa de entrenarse con la misma dedicación que siempre ni una semana al año, jamás critica a otro deportista ni pone excusas o se queja de nada, no se considera más que nadie por ser un deportista de élite, conserva sus amistades y hábitos previos a su fama... y todo esto en el ámbito en el que se mueve es muy difícil. Nadal es el número uno del tenis mundial, pero también encabeza a los deportistas en cuanto a actitud fuera de las pistas. Más de uno, en concreto la mayoría de los futbolistas, debería tomar nota.

