En 1997, el entorno de La Masía estaba escandalizado con un centrocampista ofensivo, de físico menudo pero de una visión de juego y una clase bastante por encima del resto de canteranos culés. Aquella generación estaba repleta de nombres que han pasado en los años venideros por Primera División, aunque entonces nadie se hubiese creído que el ojito derecho de Johan Cruyff, ese talento del que no se paraba de hablar dentro de las paredes de la fábrica de estrellas blaugrana, apenas hubiera tenido minutos en la élite durante toda la década posterior a su gloriosa campaña 1997-98 con el filial, en la que marcó 19 goles.
Incluso hoy en día, transcurrido tanto tiempo, es casi inevitable mantener una charla con Xavi Hernández sobre sus años en La Masía y que no salga a relucir su nombre:
"El bueno era Mario Rosas, era el mejor de mi generación. Junto a Iván De la Peña... No, rectifico, era mejor que Iván. Mario es el mejor futbolista que he visto en la cantera. Llegó, pero no se asentó. Es que no es fácil. Yo he tenido suerte y cuando pienso en él, más convencido estoy de eso. Ahora juega en el Castellón y se ha ganado la vida con esto, pero por nivel tendría que estar aquí. Pero el fútbol no es tan fácil". (Xavi Hernández en
El País el 12/12/2008). En el mismo periódico,
un diálogo entre Iniesta y el propio Xavi a finales de 2006 también saca el mismo nombre a relucir. Xavi le recordaba a Andrés que cuando él llego al club todo el mundo hablaba de Mario, a lo que Iniesta le da la razón tajantemente: "Era buenísimo".
Ni Jofre, ni De la Peña ni Xavi, ni Gabri (ese dicen que era el orden de mejor a peor de aquella hornada).. Mario Rosas era la joya de la corona de la cantera azulgrana en aquella época. El mejor jugador de la pasada Eurocopa parecía el último de los cuatro grandes talentos de aquella quinta (nacidos en 1979 ó 1980). El tiempo, la suerte, ellos mismos y diversas circunstancias han invertido el orden de aquella lista. Es la grandeza y al mismo tiempo la miseria del fútbol.

Mario Rosas, el 'elegido', debutó con el primer equipo, fue convocado para tres partidos de la Champions gracias a sus 12 tantos con el filial en las dos campañas siguientes a la de su explósión con el Barça B. Sin embargo, tuvo que hacer las maletas en el verano de 2000, algo que se fue repitiendo anualmente tras pasar por el Alavés en dos ocasiones (al ser apartado, se entrenó con el Palamós y realizó una pretemporada en el Metrostars de Nueva York), el Salamanca, el Cádiz y el Girona (en Segunda B) hasta que llegó al Castellón en julio de 2005, único club donde se asentó.
En la entidad de Castalia apenas tuvo 160 minutos en la primera campaña. Pero algo cambió al siguiente año. Cada vez tuvo mayor presencia en la organización del juego blanquinegro, retrasó su posición, lo que le obligó a implicarse más en facetas defensivas o a adquirir más responsabilidades. Además, ganó en resistencia física, pasando a ser uno de los fijos del Castellón, madurando dentro y fuera del terreno de juego. Él mismo
reflexionaba en enero de 2007 de este modo:
"Quizás cuando era más joven tienes deseos de sacar el mejor pase sin pensarlo y me jugaba todos los balones. Ahora ya sabes que en determinadas zonas del campo hay cosas que no puedes hacer".
El pasado verano lo pretendió el Aris griego, estas Navidades el Espanyol. Él quiere ser el futbolista de antes, ese al que aún hoy recuerda con admiración Xavi, para hacer algo grande. Le da rabia ser el único de su generación que no está en Primera. Quiere subir con el Castellón. Todavía no es tarde para reencontrarse a sí mismo, para culminar el bonito reto de demostrarle a la mayoría porque el entorno de La Masía lo encumbró a los altares.