Ya dije que las goleadas ante el Barcelona y el Real Madrid eran engañosas, de ahí que utilice una graciosa frase que dijo ayer Preciado ("ni antes éramos la última mierda que cagó Pilatos ni ahora somos el Leverkussen") y que yo había señalado de otro modo después de los dos últimos partidos ("ni antes éramos tan malos ni ahora tan buenos").
La fiesta en Riazor fue completa, con 5.000 sportinguistas en las gradas que disfrutaron de una goleada histórica al tratarse del primer triunfo del equipo gijonés en el estadio deportivista. De medio campo para arriba tenemos mucho peligro, con unos jugadores cuyas características favorecen las transiciones rápidas y los contragolpes. Además, la defensa y la portería -gracias a la confianza de los resultados- han ido ganando en seguridad, aunque haya aún que pulir ciertos detalles, y el centro del campo aporta el equilibrio necesario, con un Camacho muy práctico. Ayer volvió Michel, que aporta más a mi juicio que Matabuena, aunque éste robe un poco más que el canterano.

Y arriba, Carmelo -que sigue 'casado' con el gol- tiene un plus de talento fundamental, Luis Morán volvió a ser el de hace dos partidos (aunque falló un gol bastante cantado), Diego Castro es uno de los más desequilibrantes de toda la categoría, y Barral estando en forma es un gran futbolista, especialmente para jugar a la contra. Ayer fue el mejor: forzó y marcó el penalti, dio una asistencia de lujo en el segundo y trabajó muchísimo.
Todo esto suena muy bonito ahora, pero hay que ser consciente de que salimos peor que el rival (el Depor pudo en los primeros diez-quince minutos hacer un par de goles que hubiesen cambiado todo), que la expulsión de Colotto permitió un encuentro muy cómodo para el Sporting y que a Mista se le anula un gol legal. Pese a esto, el triunfo fue justísimo.

Ahora, hay que tener los pies en el suelo, utilizando positivamente la confianza que dan los buenos resultados y huyendo del exceso de euforia. Sería un sueño ganar cuatro partidos consecutivos, más encima sabiendo que el próximo choque será ante un rival directo, el Numancia, con el que hay que medirse también este miércoles en la Copa. Esta competición no debemos despreciarla sin más, pero hay que tener claro que no debe distraer ni ser un obstáculo para lograr el objetivo fundamental: la permanencia.
Yo sigo pensando, al igual que lo pensaba hace un mes después de las goleadas, que el Sporting se salvará. Es cuando debemos sacar pecho y utilizar otra frase que Preciado pronunció en una entrevista que le hicimos en mi redacción ("algunos se la van a comer doblada"). Hasta entonces, toca disfrutar jornada a jornada. Y permitidme una excepción: a la prensa y aficionados mayoritariamente madridistas que se rieron tras el 7-1, les diré que ese recién ascendido ha conseguido ganar en ese estadio infranqueable desde hace casi dos décadas para el mejor club del siglo XX. ¡Y encima no pareció tan difícil!
Fotos: El Comercio y Marca