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21 febrero 2009

Artículo: El mimetismo de los éxitos

Me adueño de unas palabras que me dijo Juan Manuel Lillo, entrenador de la Real Sociedad, al que entrevisté, aunque lo más apropiado sería decir "con el que dialogué sobre fútbol", el pasado jueves. Nunca había conversado con él y me resultó gratificante esta primera ocasión, por muchos clichés que se le hayan puesto.

Al preguntarle si estaba disfrutando del nivel de juego del Barcelona dirigido por su amigo Pep Guardiola, su respuesta fue la siguiente: "No sólo estoy contento por el amigo y la persona, sino porque todos los éxitos van generando mimetismo y ojalá esa propuesta (de juego) sea la que genere mimética". Traducido a un lenguaje sencillo: se copia todo lo que triunfa. En la música, en la televisión, en la literatura... y el deporte -el fútbol- no es ninguna excepción. Por eso, estaría bien que el ejemplo del juego culé de esta temporada, salvando las distancias que provocan las diferencias económicas-deportivas, se intente imitar desde otros bandos. Ganaría el fútbol.

Hay muchos ejemplos. Lo bien que le salió la 'huida' a Londres a Cesc Fabregas, animó a muchísimos a seguir el mismo camino: jóvenes como Piqué, Gerard Bruna, Daniel Pacheco, Sergio Tejera o Iago Falqué, entre otros. Asimismo, esta apuesta exitosa de Wenger por un jugador español, contagió que distintos clubes ingleses y europeos dejaran a un lado su escepticismo sobre la competitividad que podían aportarles nuestros futbolistas.

Tampoco debemos obviar el cambio de mentalidad sobre los llamados jugones (futbolistas con tanta calidad y toque como falta de estatura o corpulencia) a raíz del buen resultado que en los últimos tiempos están dando. Y saliendo del deporte rey, ahí está el camino que abrió Pau Gasol en la NBA a los españoles o a otra escala la posibilidad de que ahora en España haya más niños dispuestos a ser el próximo Fernando Alonso o Rafa Nadal, pese a ser especialidades no tan practicadas en nuestro país. Y es que todo se reduce a lo mismo: se imita lo que tiene éxito. Insisto, la idea es de Juan Manuel Lillo.